La ternura y firmeza de un estudiante brasileño de quinto año tocaron el corazón de miles de personas en redes sociales. Durante una reunión de docentes en una institución cristiana de São José dos Pinhais, en Paraná, el pequeño compartió su testimonio de fe entre lágrimas.
Gustavo, alumno del colegio Ensino Renovação, pidió insistentemente a su madre la oportunidad de dirigirse a los profesores. Cuando finalmente tuvo el micrófono en sus manos, expresó con sinceridad su gratitud por poder manifestar abiertamente su amor por Dios.
“Amo tocar violín, pero amo todavía más hablar de Dios”, dijo al iniciar su intervención, ante la atención y emoción de los presentes.
El niño explicó que el avivamiento que experimenta la escuela tiene que ver con mantener el corazón cerca del Señor. “No podemos alejarnos de Él”, afirmó con convicción. También reveló que, antes de subir a hablar, oró pidiendo dirección y aseguró que Dios puso en su corazón un pasaje de Deuteronomio 28, el cual leyó frente a los maestros.
Sin embargo, su historia no siempre fue así. Gustavo relató que en una escuela anterior no le permitían hablar de su fe. Recordó con tristeza que, tras mencionar a Dios, llamaron a su madre para pedir que evitara ese tipo de comentarios. “Me sentí muy triste”, confesó mientras se le quebraba la voz.
En medio de esa experiencia, decidió orar y pedirle a Dios que se revelara y guiara sus pasos. Con el tiempo, esa oración lo llevó a un lugar donde hoy puede expresar su fe sin restricciones.
Al finalizar su testimonio, Gustavo volvió a agradecer a su actual institución. Dijo que para él no es solo una escuela, sino una bendición diaria. Animó además a los profesores, recordándoles que su labor va más allá de un empleo: es un llamado que transforma vidas.
El testimonio del pequeño se convirtió en un recordatorio poderoso: la fe genuina no tiene edad y, cuando se vive con valentía, puede impactar incluso a los adultos.