“David”, distribuida por Angel Studios y estrenada en cines de Estados Unidos el 19 de diciembre, no necesariamente alcanza la categoría de obra maestra, pero se acerca notablemente. Es, sin duda, el mejor musical animado de temática bíblica desde “El príncipe de Egipto” (1998) de DreamWorks. Incluso podría argumentarse que es más fiel al texto bíblico y, en algunos aspectos, más sólida artísticamente.
Durante sus 115 minutos logra emocionar, divertir y conmover. La experiencia resulta cautivadora tanto para adultos como para niños. Aunque no es perfecta, dentro del género de las grandes epopeyas bíblicas animadas para toda la familia, se ubica entre las más destacadas.
Un proyecto nacido de la convicción
La película es fruto del sueño de más de treinta años de Phil y Jacqui Cunningham, matrimonio cristiano originario de Zimbabue y fundadores de Sunrise Animation Studios, actualmente con sede en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.
El proyecto llegó rodeado de expectativa, incluyendo disputas legales por los derechos de distribución antes de quedar en manos de Angel Studios. La compañía apostó fuerte por la película, al punto de compararla con el impacto comercial de “Sonido de libertad” e incluso anticipar cifras históricas en taquilla.
Antes de su estreno, “David” ya había marcado un récord como la producción financiada colectivamente más grande de la historia, recaudando cerca de 50 millones de dólares. Además, una serie precuela lanzada en 2023, “Joven David”, contribuyó a preparar al público para este ambicioso lanzamiento.
El apartado musical también sorprende positivamente. Varias canciones, algunas compuestas por el ganador del Grammy Jonas Myrin, evitan caer en lo superficial o excesivamente sentimental. El tema central, “Follow the Light”, destaca por su fuerza y potencial de popularidad. Otras composiciones integran pasajes de los Salmos de manera natural y significativa.
En cuanto al enfoque narrativo, la película evita caer en el típico mensaje de autoafirmación individualista propio de muchas producciones contemporáneas. En lugar de eso, presenta a David como un siervo humilde, obediente y apasionado por Dios.
No es una historia centrada en el “descubrirse a sí mismo”, sino en la fidelidad a Dios. David no persigue el trono, pero acepta el liderazgo cuando es llamado. La película lo muestra fuerte y valiente, pero también sensible y reverente.
Aunque se toma ciertas libertades narrativas, ninguna altera el núcleo teológico del relato. Las escenas mantienen la intensidad necesaria: Goliat resulta verdaderamente imponente, la inestabilidad emocional de Saúl se retrata con realismo, y los conflictos con los amalecitas aportan dramatismo sin trivializar la historia.
En definitiva, “David” es una propuesta sólida que combina excelencia técnica con profundidad espiritual. Una producción pensada para toda la familia que no solo entretiene, sino que invita a reflexionar y adorar.